Colombia celebra hoy la tasa de pobreza monetaria más baja de su historia que se ubicó en 31,8% para 2024, según cifras recientes del Dane. Sin embargo, detrás de este avance se esconde una paradoja que inquieta a los expertos y es que buena parte de la mejoría proviene de empleos precarios, informales y sin garantías sociales, lo que podría poner en entredicho la sostenibilidad del logro.
Así lo explica Henry Amorocho, profesor de Hacienda Pública y Presupuesto de la Universidad del Rosario, quien advirtió que el país podría estar cayendo en una trampa estadística que requiere atención urgente por parte de las autoridades locales mediante la creación de políticas sociales estructurales.
“Sí, hay menos pobres en términos de ingresos, pero este indicador no es sostenible porque está soportado en empleos informales y de baja calidad”, explicó el académico, para quien, a su juicio, una gran proporción del empleo que ha permitido mejorar las cifras está conformado por trabajadores por cuenta propia, sin seguridad social ni estabilidad.
Este fenómeno plantea un dilema de fondo en el que mientras las cifras oficiales muestran progreso, las condiciones reales del mercado laboral siguen siendo frágiles y “estamos generando un empleo nuevo, sin calidad, y desde luego necesitamos políticas sostenibles en el largo plazo que generen caminos de igualdad”, según señaló Amorocho.
Para este analista, dicha advertencia cobra relevancia en un contexto en el que el país atraviesa por una situación fiscal compleja, si se tiene en cuenta que el Gobierno ha eliminado programas sociales clave como Hambre Cero y Jóvenes en Paz, al tiempo que enfrenta un faltante de caja de 19 billones de pesos y proyecta un déficit del 7% del PIB para 2026. En ese panorama, la sostenibilidad de los avances sociales se vuelve incierta.
“La reducción de la pobreza será temporal y frágil si no se acompaña de políticas públicas que garanticen empleos formales y un entorno fiscal estable”, dijo Amorocho, quien además recordó que el Ministerio de Hacienda prepara un proyecto de ley de financiamiento para enfrentar el deterioro de las cuentas públicas, el cual dijo que deberá ceñirse a las necesidades sociales y presupuestales del país.
Por otra parte, a la par, el país ha mostrado señales positivas en otros frentes. Uno de ellos es el crecimiento económico proyectado para 2025, que se ubica en 2,7% del PIB; un dato, que a primera vista puede parecer modesto, está impulsado por una dinámica particular como es el aumento de las importaciones de bienes intermedios necesarios para la producción interna.
“El país se comporta como comprador de insumos para ayudar a la producción en sus distintos sectores, en la agricultura, en la industria, en la parte petrolera, en la parte de minería”, explicó Amorocho. Es decir, no se trata de un auge del consumo, sino de importaciones destinadas a dinamizar la economía productiva.
Esta contradicción entre lo que aparenta ser negativo, como el déficit comercial, que creció 82,2 % en mayo de 2025, y lo que realmente ocurre en términos de estructura económica, lleva a Amorocho a hablar de una “economía de contradicción”, ya que mientras algunos indicadores preocupan, otros ofrecen señales alentadoras.
“Pero para que estas últimas se traduzcan en bienestar real, insiste, el país debe superar su dependencia del empleo informal. La recuperación no puede basarse solo en cifras alentadoras. Se necesitan políticas públicas que impulsen la pequeña y mediana empresa, que aseguren calidad de vida para los trabajadores y que reafirmen la vocación productiva del país”, afirmó el experto.
En ese sentido, el llamado es a mirar más allá de los números y entender qué hay detrás de los avances, dado que la pobreza monetaria puede estar bajando, pero si lo hace sobre una base laboral inestable, el riesgo de retroceso es alto. Además, el debilitamiento del gasto social y la fragilidad fiscal agravan el escenario.
Es por esto que para el profesor de la Universidad del Rosario, el reto es claro y parte de impulsar una recuperación económica con sostenibilidad; mediante el fortalecimiento del aparato productivo, formalizar el empleo y garantizar que los avances sociales no sean efímeros, teniendo en cuenta que la informalidad, que ha sido una constante en el mercado laboral colombiano, no puede seguir siendo el pilar de las buenas noticias estadísticas.
“Tampoco se puede depender de medidas transitorias mientras se desmantelan programas sociales esenciales. Lo que se requiere es una agenda económica seria que combine crecimiento con equidad, estabilidad fiscal y trabajo digno; ya que sin políticas estructurales, la pobreza puede bajar en los papeles, pero seguir intacta en la vida real”, concluyó.
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