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Magno Chocolates acaba de sumar un nuevo capítulo a su historia con tres reconocimientos en los International Chocolate Awards (los Nobel del chocolate), uno de los certámenes más prestigiosos y exigentes del mundo.
La empresa obtuvo Medalla de Plata por su bombón 70% cacao Arauca con gulupa y miel; Medalla de Bronce por su barra Coconut Cookie Butter; y una Mención Especial a la Reinterpretación de Sabores Tradicionales de Colombia, un sello que reconoce la capacidad de la marca para llevar sabores locales a un plano de alta gastronomía.
Nicholls recuerda que este camino comenzó hace ocho años, cuando decidió apostarle al cacao de origen colombiano no solo como insumo, sino como símbolo cultural.
“El cacao viene del Amazonas. Su ADN está en Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador. Tenemos uno de los cacaos más finos de aroma del mundo y mucha gente no lo sabe”, explica. Su motivación inicial fue clara: demostrar que el país no solo produce cacao excepcional, sino que también puede transformarlo en productos de autor con identidad propia, sin imitar recetas europeas ni depender de materias primas importadas.
“No buscaba barras tradicionales, sino piezas que contaran una historia. No quería un chocolate 60% o 70% y ya. Quería recetas auténticas, autóctonas, mezcladas con sabores que conocemos desde niños”, dice.
La barra Coconut Cookie Butter es quizá el mejor ejemplo de esa filosofía. Inspirada en la cocada, uno de los dulces más tradicionales del Caribe, Nicholls, quien vive en Cartagena desde hace cinco años, reinterpretó la receta convirtiéndola en una galleta melcochuda de panela y coco, ensanduchada dentro de chocolate oscuro 70% origen Cauca.
La propuesta sorprendió al jurado de los International Chocolate Awards: no solo obtuvo bronce, sino también un premio especial a la reinterpretación de receta. Y el elogio vino de una voz con peso: Maricel Presilla, una de las figuras más influyentes del mundo del cacao y cofundadora del certamen. “Cuando me entregó el premio me dijo: ‘Para mí era un oro’. Yo quedé en shock”, recuerda Nicholls.
Toda la cadena de este emprendimiento 100 % colombiano está construida sobre una premisa, la trazabilidad real. Para Nicholls, esta palabra va mucho más allá de la sostenibilidad y la ética. Implica también conocimiento técnico profundo por parte de los campesinos y productores.
“Cuando un cacao no está bien procesado queda amargo, ácido o rancio. Por eso en el mercado el 90% del chocolate termina saborizado artificialmente con vainilla: porque no saben de dónde viene el cacao ni cómo fue tratado. En Magno, en cambio, cada lote es identificado, fermentado y secado bajo protocolos precisos que permiten que el sabor hable por sí solo”, afirma.
Mientras la marca crece en reconocimiento, también expande su presencia física (hoy están en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali) Nicholls está a punto de inaugurar una tienda muy especial en Cartagena, ubicada en la calle de la Factoría, una de las zonas históricas de la época colonial. Allí, después de un proceso de investigación de cuatro meses junto a un historiador de la Universidad de Cartagena, la marca ofrecerá experiencias que rescatan los saberes antiguos alrededor del chocolate. La apertura está programada para el 15 de diciembre, pero la propuesta de la experiencia estará abierta en febrero.
Además, en los próximos días abrirán su tienda tipo “factory point”, bajo el concepto faceless, inspirado en modelos japoneses y coreanos: un espacio minimalista donde los clientes son atendidos a través de una estructura que no releva el rostro de las personas que atienden. Igualmente se espera reflejar la identidad de Magno con un portafolio curado, cuyo producto estrella incluye las “gemas lunares” y “gemas intergalácticas”, bombones que parecen pequeñas joyas comestibles.
Hoy la empresa opera con un equipo de 16 personas y continúa creciendo sin perder el sello artesanal que la caracteriza. Para Nicholls, los premios recibidos son un impulso, pero sobre todo una responsabilidad: la de seguir elevando el cacao colombiano y demostrar que, cuando se trabaja desde el origen y con propiedad sobre los sabores, Colombia no tiene nada que envidiarle al mundo.
Un sector con proyección
“Nuestra misión es destacar la singularidad del cacao colombiano, no solo creando chocolates excepcionales, sino transformando la industria desde su base. Queremos que cada producto refleje la calidad única de nuestro cacao y genere un impacto positivo en las vidas de quienes lo cultivan y lo procesan”, afirma.
Fuente Portafolio




